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La ermita de Nuestra Señora de Hontanares, de mampostería, con su espadaña

De 1830 a hoy

El santero: casa a cambio de cuidar lo de todos

Vivía junto a la ermita sin pagar porque la cuidaba para todo el pueblo. En qué se diferencia del rentero y del masovero, y por qué hoy hace falta otra vez.

En septiembre de 1921 un montañero subía desde Riaza hacia la sierra y pasó por la ermita de San Benito, a unos 1.400 metros y a siete kilómetros de la villa. La describió en una línea: una ermita «en la que solamente vive el santero». Lo publicó al año siguiente la revista Peñalara.

Solo, en el monte, a una hora larga del pueblo más cercano. No era un ermitaño ni un fraile. Era un vecino con un encargo.

Qué era un santero

El diccionario lo dice en cuatro palabras: persona que cuida de un santuario. En la práctica, el santero vivía en una casa pegada a la ermita, que no era suya, y a cambio la cuidaba: abría, limpiaba, tocaba la campana, atendía a quien subía y recogía las limosnas. No pagaba por la casa. La casa era el pago por un servicio que no era para un dueño, sino para todo el pueblo.

En esta sierra hubo varios:

  • En San Benito, la casa del santero estaba junto a la ermita y estuvo habitada hasta no hace tanto. Los últimos santeros eran de Riofrío de Riaza, el pueblo que queda más cerca. De la casa ya no queda nada; el camino que llevaba a ella lo limpiaron hace unos años los vecinos, y ese año subieron las hijas del santero.
  • En Hontanares, el santuario de Riaza, hay santero desde el principio: según la tradición, en cuanto se levantó la primera ermita «se pone para su cuidado un santero que vivía a pie de ella». Los libros de cuentas, que empiezan en 1591, lo confirman: antes de 1603 ya se pagaba el retejo de «la ermita y casa del santero»; en 1760 el cantero Francisco Dorado arreglaba la «casa del ermitaño», y en 1843 el cura encargaba a Bartolomé Díez reparar otra vez «la ermita y casa del santero». Todavía en 1909, cuando Riaza organizó la comisión de la Virgen, con el alcalde y el párroco al frente, uno de sus cargos era «un santero que viva en la ermita». En Hontanares, además, esa casa tuvo después otro uso: hoy es un establecimiento de hostelería.
  • En el Padre Eterno, la ermita de la dehesa entre Villacorta y Estebanvela, también hubo santero, y su casa sigue en pie: junto a la ermita quedan la casa del ermitaño y unas cuadras, dentro de lo que hoy es el merendero.
  • En Ayllón, la ermita de Santiago todavía la cuidaba un santero en 1830. En 1855 ya servía de cementerio.

No es lo mismo que el rentero ni que el masovero

Tres figuras viven en una casa que no es suya, y es fácil confundirlas. Lo que las separa es qué se da a cambio:

QuiénQué esQué da a cambio de la casa
El renteroQuien tiene en arrendamiento una finca rural, casa incluidaDinero o frutos: paga una renta. Es un alquiler
El masoveroEl labrador que vive en una masía ajena y cultiva sus tierras (la palabra es de Cataluña y de Teruel)Su trabajo sobre la finca: la cultiva y la mantiene, y cobra una parte de lo que saca
El santeroQuien cuida de un santuario y vive junto a élUn servicio para todos: cuida un lugar que es de la comunidad, no de un dueño

El rentero le paga al dueño. El masovero trabaja para el dueño. El santero trabaja para el pueblo. Esa es la diferencia que importa.

En Hontanares se cuenta además una leyenda que lo resume todo. Al principio, de la cueva donde apareció la Virgen destilaban tres gotas de aceite, y los santeros las recogían para mantener encendida la lámpara del altar. Hasta que uno, «tentado de avaricia», empezó a usar el aceite en su casa, y el milagro se acabó: las gotas se volvieron agua. La casa era suya para cuidar lo de todos, no para quedarse con ello.

Y hubo un cuarto parecido al santero: el maestro. Cuando Madoz recorrió estos pueblos a mediados del siglo XIX, apuntó que al de Riaza se le pagaba con dinero de los fondos públicos, con lo que daban los alumnos y con la casa del maestro (lo contamos en con qué se pagaba al maestro). La casa formaba parte del sueldo, porque sin ella nadie iba a venir a enseñar a un pueblo.

Hoy: el santero que falta

En muchos pueblos queda un local que es de todos y que alguien tiene que abrir: el teleclub, el bar del pueblo. Y cada vez cuesta más encontrar quien lo lleve, sobre todo porque no tiene dónde vivir.

Es el mismo problema que resolvía la casa del santero y la del maestro, y la solución antigua sigue sirviendo: una casa a cambio de cuidar lo de todos. Hay ayuntamientos que ya lo hacen, dando vivienda ligada al contrato de quien abre el bar, a veces con un sueldo. Lo contamos en lo que no tiene que salir rentable.

La masovería también está volviendo, sobre todo en Cataluña, pero para otra cosa: el dueño de una casa que se cae la cede unos años a quien se la arregle. Sirve para las casas cerradas cuyo dueño no quiere vender. El santero, en cambio, es la figura que encaja con el local del pueblo, porque aquí el que se beneficia no es un dueño: es el pueblo entero.

Lo que queremos saber

De Hontanares hay papeles de cuatro siglos. De los demás santeros de esta sierra queda muy poco escrito, y casi todo está en la memoria de la gente.

  • ¿Quiénes fueron los últimos santeros de San Benito? Eran de Riofrío, y hasta ahí llega lo escrito. ¿Hasta cuándo vivieron allí? ¿Queda alguna foto de la casa?
  • ¿Quién fue el último santero del Padre Eterno? ¿Hasta cuándo vivió en la casa que sigue junto a la ermita?
  • ¿Quién fue el último santero de Hontanares, antes de que la casa pasara a ser lo que es hoy?
  • ¿Hubo santero en tu pueblo? ¿Qué hacía, cómo vivía, qué recibía a cambio?

Si lo sabes, o lo sabía alguien de tu casa, cuéntalo.

Los pueblos de esta historia

¿Sabes algo de esto? Lo que hay escrito sale de fuentes públicas, y lo que falta está en la memoria de la gente de estos pueblos. Cuéntanoslo .

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