En noviembre de 1964 abrió en Matilla la Seca, en la comarca zamorana de Aliste, el primer teleclub de la Red Nacional. La idea era del Ministerio de Información y Turismo: un grupo de vecinos se constituía en teleclub y el Ministerio le facilitaba un televisor, que entonces casi nadie tenía en casa. A cambio, el local servía también para charlas, teatro, bailes, cursos y una buena dosis de doctrina del régimen.
La red llegó a sumar 4.414 teleclubs, con 654.750 socios inscritos y 3.227 monitores, según la tesis doctoral que la estudió a fondo. Y fue sobre todo cosa de esta tierra: de los primeros teleclubs, el 58 % estaban en provincias de Castilla y León, con Valladolid y Zamora a la cabeza. La demanda venía de los pueblos pobres del interior.
Lo que de verdad hizo un teleclub
El televisor es lo que se recuerda, pero no es lo importante.
Lo importante es que en pueblos que no tenían ningún local público que no fuera la iglesia o la taberna, apareció uno nuevo, con luz, con sillas y con una razón para entrar. Muchos tenían además una pequeña biblioteca, que en 1969 ya se contaba por volúmenes en toda la red.
En sitios donde la oferta cultural era exactamente cero, un local con televisión, libros y un sitio donde sentarse cambia bastantes cosas a la vez.
Y cuando se acabó
La red se desmontó en 1978, con el propio Ministerio. Los televisores ya estaban en las casas, la gente se había ido a las ciudades y el régimen que la había montado ya no existía.
Uno de los que la impulsaron lo resumió después con una frase que explica lo que vino luego: al quitarles los medios, los teleclubs «ya solo quedaron para ver la televisión, organizar bailes y mantener un bar, o como un local del pueblo».
Eso es exactamente lo que son hoy muchos de ellos.
El teleclub comarcal estaba en Ayllón
De la red en esta comarca sí queda constancia oficial, y en un sitio inesperado. El Real Decreto 1676/1979, de 1 de junio, publicado en el BOE del 9 de julio, declaró de utilidad pública la expropiación de la parte que faltaba del Palacio del Obispo Vellosillo de Ayllón, y al justificarlo describe para qué se usaba el edificio: en la planta baja, teleclub comarcal; en la superior, museos de pintura y arqueología.
Es una línea de trámite dentro de un expediente de expropiación, y dice dos cosas. Que el teleclub de referencia de la zona estaba en Ayllón, en el mejor edificio civil de la villa. Y que en 1979, después de que el programa estatal se cerrara, aquel local seguía llamándose así y seguía abierto.
El de Villacorta, casi sin papel
Villacorta tuvo el suyo, como casi todos. De ese teleclub en concreto hemos encontrado una sola línea escrita. Para el referéndum del 15 de diciembre de 1976, El Adelantado de Segovia publicó la relación de colegios electorales de la provincia, y en Villacorta se votaba en el «Salón Teleclub». En 1976, por tanto, el local existía, tenía nombre y era el sitio donde el pueblo iba a votar.
Lo demás sigue sin papel: cuándo se constituyó, quiénes lo montaron, dónde estaba el local y qué pasó con él.
Y lo que se cuenta en el pueblo es que aquel local dio pie a algo más: que de ahí salió la primera vez que se sacó una barra a la calle para las fiestas, y con ella una manera distinta de celebrarlas.
Eso no está en ningún archivo. Está en la cabeza de quien lo montó y de quien estuvo allí. Si alguien lo recuerda (una fecha, un nombre, una fotografía del local, el papel de constitución) es exactamente lo que esta web quiere escribir antes de que se pierda. Aquí está cómo contarlo.
Hoy: el bar que nadie quiere llevar
Sesenta años después, el local sigue en pie en muchos pueblos, casi siempre del ayuntamiento y cedido a la asociación de vecinos, y casi siempre convertido en bar. Y en muchos el problema es el mismo: no hay quien lo lleve. En la zona se han sacado a concurso los de Riofrío de Riaza, Cerezo de Arriba o Ribota en los últimos años, y en septiembre de 2026 Villacorta, Estebanvela y El Muyo buscaban a alguien.
Se suele intentar abaratando: sin alquiler, con la luz y el agua pagadas. Pero en un bar que abre los fines de semana en un pueblo pequeño, el local nunca fue el gasto grande. El gasto grande es el tiempo de quien abre: tardes enteras detrás de la barra para vender unos cafés. Mientras eso no dé un ingreso razonable, cualquier rebaja solo retrasa la siguiente búsqueda.
Gente hay
Lo que no falta es gente. El Instituto Nacional de Estadística, midiendo con los teléfonos móviles, cuenta en el municipio de Riaza casi 11.000 personas en temporada alta, frente a unos 2.100 empadronados: cinco veces más. En pueblos pequeños de la comarca, como Cerezo de Arriba, la población de agosto llega a multiplicarse por dieciséis. Son sobre todo de Madrid, y muchos son hijos del pueblo que vuelven cada verano a la casa familiar.
Y a esos se suman los que el INE no cuenta porque no duermen aquí: los grupos que salen en bici o a andar los fines de semana y no encuentran dónde parar a desayunar.
Lo que un teleclub podría ser
La tesis del principio lo dice sin querer: el teleclub funcionó mientras fue más que un bar. Estas son las ideas que nos parecen más viables, de más fácil a más difícil, pensadas para cualquier pueblo de la zona:
- Pan por encargo, un día fijo. Un horno pequeño y masa congelada de un proveedor registrado: se hornea solo lo pedido, sin sobrante. La norma del pan lo permite, con el peso de cada pieza y los ingredientes a la vista.
- Desayunos ese mismo día, con la bollería del mismo horno, y desayunos con reserva para grupos de ciclistas y senderistas los sábados y domingos. Son un público que no depende de cuánta gente viva en el pueblo.
- Una tienda de lo básico dentro del bar, y productos de la zona de productores con registro. Es lo que más puede sumar.
- Un espacio con el tema del pueblo: el color y la piedra en unos, la pizarra en otros, la iglesia o los palomares donde los haya, con los folletos para leer y talleres de pago. Eso sí: no puede llamarse museo, porque en Castilla y León esa palabra está reservada a los centros que autoriza la Junta.
- Noches de estrellas, campeonatos de chito y rana, cine de verano con su licencia.
- Servicios que hoy no hay: recoger paquetes, sacar efectivo al pagar con tarjeta, un puesto de trabajo con buena conexión para quien teletrabaja en verano.
Cuánto puede dar
Hemos hecho las cuentas, y las damos para quien se lo esté pensando. Es lo que queda de las ventas después de pagar el producto, al año y antes de gastos (cuota, luz, seguro), sumando las ideas de arriba. La primera cifra es con supuestos prudentes; la segunda, con un verano como el de Riaza, cinco veces la gente de invierno.
| Un pueblo de… | Puede dejar al año |
|---|---|
| unos 5 a 10 habitantes | entre 1.800 y 5.600 € |
| unos 30 a 40 habitantes | entre 5.200 y 16.400 € |
| unos 75 habitantes | entre 11.800 y 28.600 € |
| unos 120 habitantes | entre 18.100 y 44.000 € |
| cuatro pueblos pequeños, una misma persona | unos 30.000 € en el caso medio |
Lo que dicen los números: en los pueblos medianos y grandes, esto puede dar para vivir. En los más pequeños, solo si una misma persona lleva varios locales, un día cada uno, o si el ayuntamiento paga por abrir en lugar de cobrar por el local, como ya se hace en otros sitios (lo contamos en lo que no tiene que salir rentable). Y si lo que falta es el local o la casa de quien abre, lo que se puede pedir está en qué puede pedir un barrio de Riaza. Y los grupos de ciclistas y senderistas suman lo mismo en cualquier pueblo, porque no dependen de cuánta gente viva en él.
Son estimaciones, no promesas: suponen abrir unas 620 horas al año (julio y agosto, y los fines de semana del resto), que una parte de la gente compre pan, desayune o haga la compra, y precios normales de proveedor. Lo que decide entre una cifra y otra es un dato que solo tiene cada pueblo.
Lo que decide si sale o no es un dato que solo tienen los pueblos: cuánta gente hay de verdad en agosto y cuánto vende hoy el bar. Si lo sabes, o si en tu pueblo ya se hace alguna de estas cosas, cuéntalo.
Los pueblos de esta historia
¿Sabes algo de esto? Lo que hay escrito sale de fuentes públicas, y lo que falta está en la memoria de la gente de estos pueblos. Cuéntanoslo .
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