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Una navaja multiusos roja con todas sus herramientas abiertas: hoja, tijeras, lima, sacacorchos y abrelatas

2026

Lo que no tiene que salir rentable

En la ciudad echan de su casa a quien siempre pagó; en los pueblos hay casas y nadie puede vivir en ellas. Por qué el teleclub no se mide solo por lo que rinde.

En septiembre de 2026, en el barrio madrileño del Retiro, sacaron de su casa a una mujer de 87 años, en silla de ruedas, que había pagado el alquiler toda su vida. El desahucio se había parado dos veces porque no tenía a dónde ir. A la tercera se hizo. Media España lo vio y mucha gente salió a la calle.

No hizo falta que nadie lo explicara: una casa se había medido solo por lo que podía rendir, y la persona que vivía en ella no entraba en la cuenta.

La otra cara, aquí

En los pueblos pasa lo contrario, y se parece más de lo que parece.

En el municipio de Riaza, casi tres de cada cuatro viviendas no son la residencia habitual de nadie (el 72,9 %, según el censo de 2021). Pero no están vacías: son las casas de verano de la familia, las que se abren en agosto y en los puentes, y nadie las va a alquilar. Las que de verdad están cerradas son pocas, a menudo casi caídas, y con un dueño que no tiene claro querer vender. Así que quien quiera venir a vivir y trabajar no encuentra dónde. Hace unos años aparecieron por las calles de Ayllón maniquíes con una maleta, esperando una casa: era una campaña comarcal para decir justo eso.

Lo dijeron también, con otras palabras, quienes nos escribieron después de la historia del teleclub: el problema de fondo para que alguien lleve el bar del pueblo es la vivienda. No hay alquiler asequible cerca, y quien abre tiene que venir en coche desde lejos, cada vez.

El bar que se mide como un negocio

Al teleclub se le pide que salga rentable. Si no da, se cierra, o se saca otra vez a concurso con el local más barato, a ver si esta vez alguien aguanta.

Pero el teleclub no nació como negocio. Nació como el único sitio del pueblo con luz, sillas y una razón para entrar. Hoy, en muchos pueblos, sigue siendo el único sitio donde un vecino mayor ve a alguien en todo el día, donde se deja un recado, donde se entera uno de que el de al lado está malo.

A nadie se le ocurre pedirle al consultorio que se pague solo con lo que cobra. Ni a la escuela, ni al autobús que sube dos veces por semana. Se sostienen porque sin ellos el pueblo es otra cosa. Se dirá que un bar no es lo mismo. Puede ser. Pero donde es el único sitio común que queda, se parece mucho más al consultorio que a un negocio, y medirlo solo por lo que factura es el mismo error que medir una casa solo por lo que renta.

Eso no quita que se pueda hacer que dé más: en la historia del teleclub están las ideas (el pan, la tienda, los desayunos para los ciclistas) y las cuentas. Pero en los pueblos más pequeños las cuentas solas no llegan, y hay que decirlo.

Hay ayuntamientos que ya lo han entendido

Lo que sigue es fruto de mi propio estudio de las normas y de casos publicados. No soy experto en derecho, y antes de hacer nada, cada paso lo tiene que confirmar el secretario del ayuntamiento.

  • Hay ayuntamientos que pagan por abrir. Azuelo, en Navarra, un pueblo de unos treinta vecinos, saca el bar a concurso pagando 400 € al mes a quien lo lleva, sin cobrarle nada por el local, con vivienda municipal gratis y un calendario: todos los días en verano y de viernes a domingo el resto del año. En León hay juntas vecinales que pagan 500 € al mes en julio y agosto.
  • Tiene base legal. La ley de régimen local reconoce como competencia de los ayuntamientos la ocupación del tiempo libre y la promoción turística. Con eso, un ayuntamiento puede contratar la apertura del local como un servicio y pagarla, en lugar de esperar a que alguien la haga gratis.
  • La casa sola no basta. En un pueblo de Soria con cinco vecinos en invierno dieron casa gratis y el bar sin renta; la pareja que llegó no pasó del primer invierno. No por la casa: por la falta de clientela y el frío. Por eso la vivienda y el sueldo van juntos.

Dónde puede vivir quien abre

Lo primero: la casa no tiene por qué estar en el pueblo del bar. Hasta ahora, venir en coche desde otro sitio era un gasto más para quien abre, un viaje de vacío. Pero si el local vende algo más que cafés (el pan por encargo, una tienda de lo básico, los encargos de los vecinos), ese mismo viaje es la ruta de reparto: el pan se recoge de camino, la tienda se repone en el mayorista o en el supermercado de la cabecera, y los recados de los vecinos viajan en el mismo coche. El desplazamiento deja de ser solo un coste y pasa a ser parte del negocio. Y si la misma persona atiende varios pueblos cercanos, un día cada uno, el mismo recorrido sirve a todos.

Así que la pregunta ya no es si hay una casa libre en cada pueblo, sino si hay una casa en algún punto de la ruta. Estas son las salidas que vemos, de la que más nos convence a la que menos:

  1. Una casa móvil o modular en terreno del ayuntamiento. Es la que menos depende de que nadie quiera vender. En Castilla y León una casa móvil que se queda fija cuenta como construcción y necesita licencia (el Tribunal Supremo lo aclaró en 2024), pero cuando la pone el propio ayuntamiento en su término no hace falta licencia, siempre que cumpla las normas urbanísticas y el Código Técnico. La condición que manda es el suelo: tiene que ser suelo urbano donde se permita vivienda, con agua, luz y saneamiento; en suelo rústico es prácticamente imposible. No hemos encontrado ningún ayuntamiento que lo haya hecho así para quien lleve el bar: sería de los primeros. Y como la casa no tiene que estar en el mismo pueblo, basta con un solar en cualquiera de los pueblos de la ruta.
  2. La vivienda va con el contrato, no con un alquiler aparte. Sea móvil o de obra, si la casa forma parte del contrato de quien abre, el ayuntamiento la recupera cuando el contrato acaba. Con un alquiler normal, el inquilino podría quedarse años aunque el bar cerrara.
  3. Arreglar una casa sin comprarla. Para las casas casi caídas cuyo dueño no quiere vender hay una fórmula antigua, la masovería: el dueño cede el uso durante unos años, sin renta o con una renta baja, a cambio de que se la arreglen. No pierde la casa, y al final la recupera en pie. Puede acordarlo un particular o hacer de intermediario el ayuntamiento. En Castellolí (Barcelona) el ayuntamiento ofrece así una casa y ayuda a quien la rehabilite y abra una tienda. Aquí hubo algo parecido y más cercano al bar del pueblo: el santero.
  4. Rehabilitar lo que ya es del ayuntamiento. La Junta de Castilla y León paga la obra de viviendas municipales, y también de casas parroquiales, en pueblos de menos de 5.000 habitantes, a cambio de alquilarlas a precio social. No sirve para ligarla al contrato, pero sí para que deje de faltar casa.
  5. Una casa en la cabecera. En Riaza o en Ayllón hay más oferta y más servicios. Si el ayuntamiento tiene allí una vivienda, o la consigue, puede ir ligada al contrato igual que cualquier otra, y desde allí se hace la ruta.

Lo que queremos saber

Esto no se arregla desde una web. Se arregla en cada pueblo, con lo que cada pueblo sabe.

¿Tiene el ayuntamiento en tu pueblo un solar o una parcela dentro del casco donde cupiera una casa? ¿Hay una casa cerrada cuyo dueño la cedería unos años a cambio de que se la arreglen? ¿Conoces a alguien que llevaría el bar si tuviera dónde vivir y un sueldo con el que contar? ¿Se hace ya algo así cerca? Cuéntalo.

Qué se puede pedir, a quién y cómo, barrio a barrio, lo contamos en qué puede pedir un barrio de Riaza.

Los pueblos de esta historia

¿Sabes algo de esto? Lo que hay escrito sale de fuentes públicas, y lo que falta está en la memoria de la gente de estos pueblos. Cuéntanoslo .

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Foto: Jonas Bergsten · Dominio público · Wikimedia Commons