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La umbría de la Sierra de Ayllón en noviembre de 1983 desde Becerril: al fondo el hayedo en color, delante las laderas de rebollo bajo con las terrazas de la repoblación

De 1849 a 2019

El monte se salvó por el árbol que tenía

En 1849 Madoz describió estos montes de roble y estepa. En 1855 el mismo Madoz firmó la ley que los puso en venta, y se decidió por especie cuál se salvaba.

En 1849, el diccionario de Madoz recorrió estos montes uno a uno. En Madriguera, «un monte de roble y estepas, titulado la Dehesa». En Martín Muñoz, «varios montes de roble bajo y estepa con buen pasto». En Serracín, «un monte de roble llamado Mingo-hierro».

Un rebaño de ovejas cruzando en fila una ladera de rebollo bajo y matorral en Becerril, noviembre de 1983

Becerril, noviembre de 1983. Un rebaño en fila por la ladera de rebollo: «montes de roble bajo y estepa con buen pasto», ciento treinta y cuatro años después de que Madoz lo escribiera. Foto de LBM1948, CC BY-SA 4.0.

Seis años después, el mismo hombre firmó la ley que los puso en venta.

Pascual Madoz era ministro de Hacienda cuando se aprobó la Ley Desamortizadora de 1 de mayo de 1855, la que todo el mundo llama la ley Madoz. Puso en estado de venta los bienes de propios y comunes de los pueblos, y con ellos, dice el catálogo forestal de la Junta, «muchos de los mejores montes españoles».

La lista que decidía

La ley traía una rendija: se podían exceptuar de la venta «los montes y bosques cuya venta no crea oportuna el Gobierno». Para saber cuáles, el Ministerio de Fomento pidió un informe a los ingenieros de montes, y el Real Decreto de 26 de octubre de 1855 lo convirtió en norma.

No era una decisión pueblo por pueblo. Era una lista de árboles.

Quedaban fuera de la venta, sin más trámite, «los montes de abetos, pinabetes, pinsapos, pinos, enebros, sabinas, tejos, hayas, castaños, alisos, abedules, robles, rebollos, quejigos, acebos y piornos». Se declaraban de dudosa venta los encinares. Y se podía proceder «desde luego» a vender las fresnedas, las olmedas, las alamedas, los brezales, los tomillares y los jarales.

La estepa que Madoz nombra en estos montes es una jara. Así que la misma frase que describe la Dehesa de Madriguera —roble y estepas— tiene una palabra de cada lista.

Un tejo grande agarrado a un resalte rocoso en la sierra de Becerril, con la meseta al fondo, en 1983

El tejo estaba en la lista de los que no se podían vender, y sigue estando en la del monte Horcajo y Collados, el más grande de Riaza. Este es de la umbría de Becerril, en 1983. Foto de LBM1948, CC BY-SA 4.0.

En 1862 se añadió una segunda criba, y esta por tamaño: solo se libraban los montes cuya especie dominante fuera el pino, el roble o el haya, y solo si tenían al menos cien hectáreas. Todo lo demás quedaba «desde luego en estado de venta sin necesidad de más trámites».

Lo que salió en Segovia

El ingeniero de montes encargado de clasificar la provincia fue Juan José Herrán. En 1859 dio noventa montes vendibles, con 4.870 hectáreas, y trescientos sesenta y cuatro exceptuados, con 87.979.

El primer catálogo provincial, el de 1862, recogió 208 montes y 102.030 hectáreas. Ciento treinta y tres eran de pino y setenta y cuatro de roble. De haya había uno, de 125 hectáreas, en toda la provincia.

Dos montes que no llegaron

La clasificación no siempre aguantó. En el término de Riofrío de Riaza había dos montes públicos, el Celiboso y Sierra y el Siete Robles, y el catálogo de hoy cuenta lo que les pasó con una frase que no se ha suavizado en siglo y medio:

Según referencias este monte fue talado a finales de 1868, se anunció su subasta, desfigurando su clasificación, en 1869 y se vendió en enero de 1870 a pesar de las protestas del Distrito Forestal.

Los dos figuran todavía en el libro, con su número y su nombre, y al lado la palabra Excluido. Es la única forma que tiene un catálogo de dejar constancia de lo que ya no puede proteger.

Y lo que sí quedó

En el término municipal de Riaza hay hoy diecisiete montes de utilidad pública y 7.446 hectáreas. Todos figuran a nombre del Ayuntamiento de Riaza, porque desde 1979 no hay otro.

Pero los pueblos siguen ahí, escondidos en los linderos. El monte Dehesa, Veguilla y Barbechera, 814 hectáreas de pino, rebollo y haya, es «de los propios de Martín Muñoz de Ayllón, en el antiguo término municipal de Villacorta». La Hornera, 117, también es de Martín Muñoz. Valdevacas, Llanos y La Dehesa, 299, es «de los propios de Alquité, barrio de Villacorta». Y para describir dónde acaba cada uno, el catálogo nombra los baldíos de Madriguera, los de El Muyo, los de Serracín, los de El Negredo y el monte del común de vecinos de Becerril.

Los ayuntamientos se disolvieron en 1979. Los linderos, no.

La comunidad que no aparece

Hay un último detalle, y es el que más dice.

En el catálogo de Segovia figuran como propietarias catorce comunidades históricas. La Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda tiene un monte de 5.224 hectáreas. La de Fresno de Cantespino, otro de 821. Están también la de Pedraza, la de Cuéllar, la de Coca, la de Fuentidueña y la Ciudad y Tierra de Segovia.

La Comunidad de Villa y Tierra de Ayllón, que era la de estos seis pueblos, no es dueña de nada. Aparece una sola vez en todo el libro, y en pasado, describiendo por dónde linda un monte de Becerril: «terrenos procedentes de la antigua Comunidad de Ayllón».

Lo que esto no explica

Se dice mucho que el monte arde hoy porque nadie lo limpia, y que nadie lo limpia porque el pueblo se fue. Puede ser. Pero aquí no lo tenemos documentado, y no lo vamos a escribir como si lo estuviera.

Lo que sí está documentado es lo otro: que del monte se sacaba carbón, leña, cal, pasto y madera; que era de los pueblos; que en 1855 se decidió por especie cuál se vendía y cuál no; y que lo que se libró sigue teniendo número, superficie y nombre.

Falta lo que ningún catálogo guarda. Cómo se llamaba cada trozo de esos montes en el pueblo, quién iba a por leña y adónde, y en qué año se dejó de ir. Si te suena algo de eso, aquí está cómo contarlo.

Los pueblos de esta historia

¿Sabes algo de esto? Lo que hay escrito sale de fuentes públicas, y lo que falta está en la memoria de la gente de estos pueblos. Cuéntanoslo .

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Foto: LBM1948 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons