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Una mesa con rocas del término de Villacorta colocadas una al lado de otra: areniscas amarillas, bloques rojos y lascas de pizarra negra

Hoy, con lo que hay debajo

La mesa donde se muele el color

Chemari muele la roca del término de Villacorta para sacarle el pigmento. En su mesa están los tres colores que dan nombre a esta sierra.

En Villacorta hay una mesa con las rocas del término colocadas una al lado de otra. Parece una colección, y no lo es.

Chemari muele la piedra para sacarle el color. En los barreños hay rojo hecho polvo, pizarra en escamas y un blanco azulado. En un tarro de cristal, el rojo ya molido y listo para usar.

Barreños con el material molido: rojo en polvo, escamas de pizarra y un blanco azulado, y un tarro de cristal con el pigmento rojo ya preparado

El color, molido. Foto: mi madre.

Los tres colores caben en una mesa

Esta sierra se explica por sus colores. Hay pueblos rojos, pueblos amarillos de cuarcita y arenisca y pueblos negros de pizarra, y normalmente para verlos hay que recorrer kilómetros. En esa mesa están los tres a la vez.

Y hay algo mejor: piedras donde el amarillo y el rojo se tocan dentro de la misma pieza. La frontera entre dos estratos, cabiendo en una mano.

Por qué aquí pasa eso

No es casualidad ni es estética. La cartografía geológica del IGME lo dice con números: alrededor de Villacorta hay seis unidades geológicas distintas en medio kilómetro, ocho en uno y veintiuna en tres. Los limos rojos están a menos de quinientos metros del pueblo; la pizarra, a un kilómetro.

Rojo y negro, a un paseo.

Eso es lo que explica la comarca entera. La casa se hace con lo que hay debajo, y aquí lo que hay debajo cambia cada pocos metros: por eso unos pueblos son de barro donde no había roca y por eso la misma pizarra levanta pueblos en tres provincias.

Cuando decimos «pueblos rojos» no estamos usando un adjetivo. Estamos diciendo de qué está hecha la pared. La mesa de Chemari lo enseña de la única manera que no admite discusión: poniéndolo en un tarro.

Coger piedra para enseñarla no es recoger piedras

Conviene decirlo, porque una cosa lleva a la otra sin querer. Chemari coge la roca de su propio término y la muele para enseñar de qué está hecho esto. Es un oficio y es su tierra.

Recorrer la sierra llevándose un trozo de cada sitio es otra cosa distinta, y no es lo que cuenta esta página.

Una pregunta que se queda dando vueltas

Esto se puede enseñar. Una mesa con las rocas del término y alguien que explica por qué la casa de al lado es roja y la del pueblo siguiente es negra da para una charla, y para una mañana entera.

Y si alguien sube a verlo, ¿se queda a comer aquí, o se vuelve a comer a la villa de siempre? Porque no es lo mismo pasar por un sitio que pararse en él, y esa diferencia no la decide el paisaje: la decide que haya un motivo para quedarse y algo abierto donde hacerlo.

No es una propuesta ni hay nada montado. Es una pregunta, y está mejor puesta aquí que guardada.

De dónde sale cada una, no lo sabemos

Y es la parte que falta. De qué paraje viene cada roca de esa mesa no está escrito en ningún archivo: lo sabe quien ha andado esos campos toda la vida.

Si reconoces alguna, o sabes dónde se cogía este rojo, cuéntalo aquí.

Los pueblos de esta historia

¿Sabes algo de esto? Lo que hay escrito sale de fuentes públicas, y lo que falta está en la memoria de la gente de estos pueblos. Cuéntanoslo .

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