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Época preindustrial

Los pueblos de barro

Donde no hay roca se construyó con la arcilla del suelo. Seis pueblos de esta guía son de adobe, y son justo los más bajos.

Todavía sin fotografía. ¿Tienes una?

Esta guía se llama de los pueblos rojos, y el rojo viene de la piedra. Pero una parte de esta comarca no tiene piedra, y aun así levantó sus casas. Las levantó con el suelo.

La geología reparte, y aquí reparte tres cosas

El Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana lo dice sin rodeos: «las rocas han condicionado enormemente la arquitectura tradicional» de esta zona. Los pueblos rojos y los negros «emplean como materiales constructivos los conglomerados ferruginosos y las pizarras respectivamente», cada uno lo que tenía debajo.

Y luego está el piedemonte, la tierra llana antes de la sierra, donde no asoma roca. Ahí, dice la misma fuente, la ausencia de piedra y la abundancia de arcillas llevaron «al uso sistemático de adobes y tapial en las construcciones».

El reparto se ve en la altitud

Lo que cuenta esa frase se puede comprobar con las fichas de esta guía, sin salir de aquí:

PuebloAltitudCon qué está hecho
Francos1.018 mAdobe de arcilla rojiza
Aldeanueva del Monte1.020 mAdobe
Barahona de Fresno1.020 mAdobe y entramado de madera
Valvieja1.025 mAdobe
Ribota1.029 mPiedra rojiza y adobe
Villacorta1.100 mPiedra, con adobe

Por encima de los 1.100 metros no hay ni uno. De ahí para arriba están El Negredo, Riaza, Alquité, Serracín, Becerril, Martín Muñoz, Grado del Pico, El Muyo y Riofrío, y todos son de lo que tienen debajo: conglomerado rojo, cuarcita y arenisca amarillas o pizarra negra. Aldealázaro es también de «madera, piedra y adobe en tonos rojizos», y va aparte de la tabla porque su altitud no está publicada.

Dos matices, para no estirarlo: los dos pueblos más bajos de todos, Santa María de Riaza y Saldaña de Ayllón, no aparecen aquí porque sus fichas dejan el material sin clasificar a propósito. Son huecos, no lo contrario.

Adobe y tapial no son lo mismo

El adobe es un bloque: se amasa el barro con paja, se mete en una gradilla, se saca y se seca al sol. Sin horno. Luego se levanta el muro como con ladrillos.

El tapial no lleva bloques: se monta un encofrado de tablas, se echa la tierra dentro y se apisona a golpes, tongada a tongada. El muro sale de una pieza. En Ayllón se ven muros de tapial forrados con aparejo encintado, que es la versión de villa de lo mismo.

Y lo tercero, que aquí va con los dos: el entramado de madera, una retícula de vigas que sostiene y a la que el barro rellena. Es lo que define el caserío de Barahona de Fresno.

En Francos, el rojo es barro

Aquí está lo que más me sorprendió. Francos figura como pueblo rojo, y su rojo no sale de ninguna cantera: sus muros son de adobe de arcilla rojiza, y de ahí le viene el tono.

O sea que en esta comarca hay dos maneras distintas de ser un pueblo rojo. Una es tener debajo un conglomerado ferruginoso y partirlo. La otra es amasar la tierra que hay y secarla al sol. El color acaba siendo parecido porque el hierro es el mismo; lo que cambia es que uno se saca de la roca y el otro se saca del suelo.

La misma arcilla hizo la teja, y solo la teja dejó nombre

El Instituto añade un dato que cierra el círculo: «esas mismas arcillas fueron explotadas en tejeras». El mismo barro para el muro sin cocer y para la teja cocida.

Y ahí aparece algo que solo se ve mirando los nombres del campo. En el índice de parajes, sacado de las 32.177 parcelas rústicas de estos veinticuatro pueblos, hay trece nombres de tejera y de calera: la Tejera, la Calera, Tejerilla, el Cerro de la Calera, dos caminos que van a la calera. Solo en el término de Ayllón son 154 parcelas, el 2,0 % del municipio.

De adobe, de tapial o de barrero no hay ni un nombre. Ninguno en 1.775.

No prueba que no hubiera barreros: prueba que no dejaron nombre. Y la explicación más probable es de sentido común: una tejera era una instalación fija, con su horno, su dueño y su sitio, y un sitio con dueño acaba teniendo nombre. El adobe se hacía al lado de la obra, con la tierra de allí mismo, y se acababa. Lo que se queda en el mapa es lo que dura.

De esas arcillas salió además otra cosa que sigue en pie: son tan blandas que, dice la misma fuente, «han favorecido la excavación de bodegas».

Por qué se ve menos

Un muro de barro pide mantenimiento. La ficha de Valvieja lo dice de la manera más seca posible: el pueblo se levantó en adobe, y el adobe no aguanta indefinidamente sin que nadie lo cuide. Cuando el pueblo se vacía, el que primero desaparece es este.

Por eso el caserío de tierra sale menos en las fotos y menos en las rutas del color, aunque sea la mitad de la historia de cómo se construyó aquí. Lo que se conserva no es lo que más había: es lo que menos mantenimiento pedía.

Lo que falta, y esto solo lo sabe quien lo vivió

Dónde estaba el barrero de cada pueblo. El sitio de donde se sacaba la tierra no aparece en el Catastro, no aparece en el mapa y no aparece en ningún archivo. Tuvo que haber uno en cada sitio, y no queda ni el nombre.

Y si alguien se acuerda de cómo se hacía: en qué época del año, con qué paja, cuántos días de secado, quién de la casa lo hacía.

Si en su pueblo se sabe alguna de las dos, cuéntemelo. Con «el barro se sacaba de detrás de tal sitio» ya vale.

Los pueblos de esta historia

¿Sabes algo de esto? Lo que hay escrito sale de fuentes públicas, y lo que falta está en la memoria de la gente de estos pueblos. Cuéntanoslo .

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