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Anuncio de prensa de 1905 con letra gótica: «Fábrica de campanas de Benito Pellón Gargollo é hijos, Santa María de Riaza (Segovia)»

De 1886 a 1950

La fábrica de campanas de Santa María de Riaza

Durante medio siglo, un pueblo de 260 habitantes fundió campanas para las torres de Soria, Burgos y Guadalajara. Las trajo un oficio de Cantabria.

En noviembre de 1905, entre un anuncio de confites y otro de un sanatorio, el Diario de Avisos de Segovia publicaba este: «Fábrica de campanas de Benito Pellón Gargollo é hijos. Santa María de Riaza (Segovia)».

Santa María de Riaza tenía entonces 263 habitantes, según el censo de 1900. Y de ese pueblo salían campanas para las torres de media Castilla.

Lo que ofrecía la casa

El anuncio de 1905 lo dice casi todo. Refundían «campanas romanas, esquilones y entretalles, dándoles el sonido que antes tenían», y hacían campanas «con la nota que pidan». Solo bronce «de 1.ª clase, de cobre y estaño». Se podía pagar a plazos, y se cambiaban las campanas viejas por nuevas.

Y una frase que hoy suena rara: la refundición se hacía «bien sea en los talleres de la fábrica ó en los pueblos donde se desee».

Es decir, no siempre viajaba la campana. A veces viajaba el fundidor. Se cavaba el molde al pie de la torre, se levantaba un horno y se fundía allí mismo, delante del pueblo que la había encargado.

Quince años después, en 1920, la casa seguía anunciándose, ahora en La Tierra de Segovia: «Esta antigua casa refunde campanas con los mismos metales», con «garantía de diez años si alguna rotura tuviera» y los portes del ferrocarril por su cuenta. Las campanas ya viajaban en tren.

Un oficio que venía de Cantabria

Benito Pellón no era de aquí. Era de Bareyo, en la costa de Cantabria, en la comarca de Trasmiera. Y allí fundir campanas no era un oficio raro: era el oficio.

En los pueblos de Siete Villas (Bareyo, Ajo, Meruelo, Noja y los de alrededor) hay documentados más de novecientos campaneros. Durante siglos salían cada primavera hacia Castilla, fundían de pueblo en pueblo hasta el otoño y volvían a casa a pasar el invierno. Los maestros se juntaban en Bareyo el 3 de febrero, por San Blas, antes de echarse otra vez al camino.

A finales del siglo XIX eso cambió. Con el tren y las carreteras ya no hacía falta ir andando a cada torre, y muchos de aquellos campaneros montaron taller fijo en algún pueblo bien situado, desde donde llegar a una comarca entera. Santa María de Riaza fue uno de esos pueblos.

La propia casa, en un anuncio de 1930, decía llevar «cuarenta y cuatro años». Eso da 1886.

Dónde sonaron

Las campanas llevan escrito quién las hizo, y las de esta casa lo dicen en castellano llano: «La fundió Benito Pellón», «Pellón me hizo», «Pellón e hijos me fundieron».

Con esa firma hay algo más de cuarenta campanas inventariadas. Casi todas están en Soria, y otras en Burgos, Valladolid, Guadalajara y la sierra de Madrid. Algunas, muy cerca:

  • En la ermita de San Isidro de Cuevas de Ayllón, una de 1894: «La fundió Benito Pellón».
  • En Cantalojas, una pequeña de 1919: «Pellón me hizo».
  • En Torremocha de Ayllón, una de 1929 con el nombre del pueblo grabado: «Fundida en Santa María de Riaza».

La de Torremocha dice además que la casa «fue fundada en 1799» y que es «la más antigua que existe en España». El anuncio del año siguiente habla de cuarenta y cuatro años. Las dos cosas no pueden ser verdad a la vez: quizá la campana reclamaba el oficio de algún antepasado de Trasmiera, pero nada lo confirma.

Casi todas se encargaban igual: el cura y el alcalde, a veces el vecindario entero. En Cubilla (Soria), en 1905, la pagaron a medias la parroquia y los vecinos, en dos plazos, el segundo en 1907. Lo apuntó el libro de cuentas. Eran los «pagos á plazos» del anuncio.

Una campana que no se fundía

No todo eran encargos cumplidos. En 1906, un vecino de Santibáñez de Ayllón llevó al fundidor ante el juez por una campana que había contratado de palabra y que no llegaba.

El fundidor estaba fuera, trabajando en otra torre, y lo condenaron sin estar presente a fundirla en un mes. Hubo embargo, apelación, un exhorto que nadie quería firmar, y al final el juez y el secretario de Santa María acabaron procesados por no ejecutarlo. Lo contaron ellos mismos en una carta al periódico.

Lo que no cuenta la carta es si la campana se fundió.

El final

En el verano de 1915, las listas del censo electoral de Segovia apuntan a los dos, uno debajo del otro. Benito, con 64 años, y en la columna de la profesión, «Campanero». Su hijo Arsenio, con 39, «Idem». Padre e hijo seguían en el oficio, y cada uno en su casa.

Con los años, la casa pasó a manos del hijo, Arsenio Pellón Ruiz, que en 1930 se anunciaba cada semana en El Adelantado de Segovia: «Esta casa refunde las campanas en los mismos pueblos donde lo pidan y en su casa».

La última noticia es de julio de 1950. El mismo periódico avisaba de una fundición de campanas «en la villa de Riaza, por el prestigioso fundidor don Arsenio Pellón». Los interesados, a preguntar en el Ayuntamiento.

Después de eso, nada más en la prensa. Sesenta y cuatro años de campanas, desde un pueblo que nunca llegó a los 320 habitantes.

Lo que falta

De la torre de Santa María no sabemos quién hizo sus campanas. Tampoco dónde estaba el taller, ni si alguien vio alguna vez fundir una al pie de una iglesia de la comarca.

Las campanas suelen decirlo: basta subir y mirar la inscripción. Si tienes una foto de la de tu pueblo, o te contaron dónde fundían los Pellón, aquí se cuenta cómo hacerlo llegar.

Los pueblos de esta historia

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