En 1751 había en Grado del Pico un herrero, y el pueblo declaró que ganaba tres reales al día. Lo mismo que el sastre y que el zapatero de viejo. El tejedor de paños, uno menos.
Lo dijeron los propios vecinos, y por escrito. Ese año la Corona mandó a cada lugar de Castilla cuarenta preguntas (cuántos vecinos, cuántas casas, qué molinos, qué oficios) para cobrar un solo impuesto en vez de muchos. Las respuestas de Grado se guardan en el Archivo General de Simancas, y son el Catastro de Ensenada.
Lo que había que herrar
La misma declaración recorre el término entero. Setenta y cuatro vecinos, once de ellos viudas. Ochenta y dos casas. Dos molinos harineros moliendo con el agua del Aguisejo, uno del concejo y otro de un particular.
Y el ganado: vacuno, mular, caballar, yeguar y asnal, además de las ovejas y las cabras. Con esa cuadra, el herrero no era un oficio de adorno. Era el que mantenía el campo andando.
Para qué estaba el potro
A un caballo o a una mula se les hierra de pie, porque aguantan en tres patas mientras se trabaja la cuarta. Un buey no. Para eso se hizo el potro: un armazón de madera donde el animal quedaba sujeto, sin poder soltar una coz ni una cornada.
Al animal se le sujetaba la cabeza en el yugo y se le pasaban unas cinchas por debajo, que iban enrolladas en dos rodillos. Al girarlos, las cinchas subían y el animal quedaba suspendido, sin poder golpear al herrero.
Servía para caballos, burros y vacas, y también para curarles las patas. Sigue en la calle del Potro, bajo su tejadillo, y tiene su ficha y su cartel. Es del pueblo, y se arregló hace unos cuarenta años.
Pepe Robledo
El último que herró en Grado fue Pepe Robledo, hasta los años sesenta. Lo cuenta su hija, María Jesús. Le traían sobre todo yeguas de Cantalojas y de Villacadima, dos pueblos de Guadalajara al otro lado de la raya.
Las herraduras que ponía eran de dos piezas, una para cada mitad de la pezuña, y aquí se llamaban callos. En la sierra de Madrid, a lo mismo lo llaman chopas.

Dos callos de la herrería de Grado. Uno lleva marcados una estrella y un uno. Foto de María Jesús, hija de Pepe Robledo.
La familia guarda también su libro de cuentas. En una página de 1946, una herradura va apuntada a 2,50 y otra a 2,00. Dos herraduras, a 5,00. Dos herraduras a la burra, a 4,00.

Una página del libro de cuentas del herrero, «Sigue año 1946». Foto de María Jesús, hija de Pepe Robledo.
Tres reales al día y dos pesetas y media la herradura no se pueden poner una al lado de la otra: son dos monedas y dos siglos. Lo que dicen juntas es más sencillo. En 1751 había herrero en Grado, y en 1946 también.
Por qué se acabó
La fecha de Grado es la misma que da Garganta de los Montes para sus potros, en la sierra de Madrid: del siglo XIX a los años sesenta. Allí lo explican con menos ganado de labor y la llegada de las máquinas.
Lo que no se fue fue el potro. Se quedó en su calle, y hace cuarenta años alguien lo volvió a poner en pie.
Lo que falta es una foto
Una sola. Un buey colgado de las cinchas, un herrero con la pata en la mano, una yegua de Cantalojas esperando turno. Si hay una en alguna casa de Grado, de Cantalojas o de Villacadima, o más páginas de aquel libro de cuentas, aquí está cómo mandarla.
Los pueblos de esta historia
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Foto: Los de Grado (@losdegradoson) · cedida por su autor para esta web