La iglesia de los Santos Mártires Cornelio y Cipriano, en El Muyo, tuvo siempre cubierta de pizarra, como el resto del pueblo.
Hacia los años cincuenta o sesenta se le puso teja.
En 2018 se le devolvió la pizarra.
Dos obras y un cambio de idea
Las dos obras son razonables, y por eso la historia es interesante.
La primera se hizo cuando la pizarra era lo que había, y lo que había era lo que uno no podía permitirse cambiar. La teja curva era lo de los pueblos de abajo, los de la llanura, los que iban mejor. Poner teja era arreglar el tejado en todos los sentidos de la palabra.
La segunda se hizo cuando la pizarra había dejado de ser una limitación para pasar a ser un valor: cuando esta comarca descubrió que su arquitectura negra era exactamente lo que venía a ver la gente de fuera.
No es una anécdota de un tejado
Es lo que le ha pasado a toda la sierra en sesenta años, resumido en un edificio. Primero se tapó lo propio porque parecía pobreza, y después se recuperó porque resultó ser lo valioso.
El Muyo es hoy el mejor ejemplo de pueblo negro de la Sierra de Ayllón: sus casas son casi por completo de pizarra, sin las mezclas de los pueblos vecinos. Que su iglesia haya vuelto a la pizarra en 2018 no es casualidad, es la consecuencia.
Lo que sigue dentro
La iglesia guarda una cruz procesional de plata de mediados del siglo XVI, que salió del pueblo en 2003 para exponerse en Las Edades del Hombre, en la catedral de Segovia, y volvió.
Un pueblo que en 2025 tiene nueve habitantes conserva una pieza que se expone en una catedral. Eso también dice algo.
Los pueblos de esta historia
¿Sabes algo de esto? Lo que hay escrito sale de fuentes públicas, y lo que falta está en la memoria de la gente de estos pueblos. Cuéntanoslo .
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Foto: manuel from Madrid, España · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons · provisional, pendiente de foto propia