El pueblo se llamó solo Grado hasta 1916. Lo que le añadió el apellido está encima: un cerro de cumbre aplanada, defendido por pequeños acantilados en casi todo su perímetro y accesible con facilidad únicamente por el este. El Inventario Arqueológico de Castilla y León lo ficha con el nombre de Pico de Grado, y lo que describe ahí arriba no es un cerro pelado.
Lo que hay en la cumbre
En el extremo noroeste de la meseta cimera, junto al vértice geodésico del Instituto Geográfico Nacional, el Inventario documenta estructuras y materiales repartidos por una superficie de 140 por 80 metros.
La pieza principal es una acumulación artificial de piedras que forma una plataforma oval de unos 15 por 10 metros, levantada 2,5 metros sobre el terreno. No se le distinguen paramentos con claridad, así que qué fue exactamente sigue sin decidirse.
Alrededor hay restos de construcciones arrasadas: cuatro de planta rectangular, dos circulares y otras dos o tres de interpretación dudosa. Y, mezclados con todo eso, restos de chozos de pastores, que son de otro tiempo y de otro oficio.
El yacimiento ocupa 17.254 metros cuadrados en la ficha oficial.
La fecha, y lo que implica
El Inventario le asigna cronología islámica. Es la única adscripción de ese periodo en todo el entorno de estos pueblos: en los demás yacimientos de los alrededores aparecen el Calcolítico, el Bronce, el Hierro, lo tardorromano, lo visigodo y lo medieval cristiano, pero lo islámico solo aquí.
Tiene sentido sobre el mapa. Grado del Pico está donde se juntan Segovia, Soria y Guadalajara, al final del valle por el que se sube desde Ayllón siguiendo el Aguisejo, y desde esa cumbre se controla el paso. Esta sierra fue frontera durante siglos, y un punto elevado con estructuras encima en la línea del Duero se explica sola.
Los otros tres del término
El cerro no está solo. En Grado del Pico hay cinco yacimientos inventariados, más que en ningún otro de los pueblos de esta guía, y tres de ellos merecen mención.
Peña Vicente, en el borde norte de su cima, con cerámica hecha a mano que se atribuye al Calcolítico. Tiene una historia administrativa curiosa: estuvo inventariado en Montejo de Tiermes, ya en Soria, hasta que en 2011 se comprobó que en realidad está en terrenos de Grado del Pico y se le abrió ficha nueva en el municipio de Ayllón.
Fuente Boyal, donde aparecieron unas 35 cerámicas a mano atribuidas por su decoración al Bronce Final, concentradas en 1.600 metros cuadrados sobre un collado que comunicaba las dos vertientes de la sierra por un camino que ya no existe.
Collado de la Rivilla, del que se recogieron en 2011 un fragmento de cerámica a mano y una lasca de cuarcita, hoy depositados en el Museo de Segovia.
Los dos últimos se documentaron en la prospección arqueológica del Parque Eólico de Grado, en el año 2000. Lo que hay ahí arriba se conoce porque se fue a poner molinos.
Antes de subir
Es un yacimiento inventariado. Se mira y se deja como está: no se remueve piedra ni se recoge nada del suelo. Lo que aparece en superficie es precisamente lo que permite datarlo, y sacado de su sitio no data nada.
Para la otra pieza arqueológica de peso de esta comarca, ver La Peña de Estebanvela.
Está en el término de Grado del Pico