En 1849 Madriguera era un pueblo grande para esta sierra: 107 casas, calles empedradas —mal empedradas, precisa Madoz—, una plazuela, casa de ayuntamiento que hacía de cárcel, y una escuela a la que iban cincuenta alumnos. En total, 560 personas.
Y para todas ellas, dos sitios de donde sacar agua:
«los vec. se sustentan de aguas para sus usos, de las de un manantial que nace a 1/4 de leg. de la pobl., y de una fuente que hay a 200 pasos.»
Las dos distancias dicen cómo era el día
Doscientos pasos son unos ciento cincuenta metros: la fuente de todos los días, la de ir y volver con el botijo. Un cuarto de legua son cerca de mil cuatrocientos metros, ida y vuelta casi tres kilómetros. Ese es el manantial al que se iba cuando hacía falta más agua, o mejor, o cuando la fuente no daba.
Que un pueblo de quinientas sesenta personas dependiera de eso explica muchas cosas: la cola, el orden, las horas, y por qué en estos pueblos el agua tiene tanto nombre propio.
Hoy en Madriguera viven veinticuatro personas.
Y hay un monte con nombre
En la misma entrada, Madoz anota que el término «comprende un monte de roble y estepas, titulado la Dehesa, que sirve para pastos». Otro topónimo con artículo, de los que solo siguen vivos si alguien los dice.
Esto lo sabe Madriguera
- Cuál era la fuente de los doscientos pasos, y si sigue ahí.
- Dónde nace el manantial, y cómo se llamaba.
- Cómo se repartía: si había orden, turnos, o cada uno iba cuando podía.
- Hasta cuándo se fue a por agua, y cuándo llegó la traída.
- Si «la Dehesa» se sigue llamando así.
Si alguien lo sabe, aquí se cuenta cómo hacerlo llegar. Esto es exactamente lo que no está escrito en ningún sitio.
Está en el término de Madriguera