A las afueras de Santo Tomé del Puerto, cerca del barrio de Villarejo, quedan las ruinas de un monasterio que da nombre al municipio y del que casi nadie habla. Tiene documentación propia desde 1192 y una historia que acaba, de todas las maneras posibles, en El Escorial.
Ocho siglos en cinco fechas
Agosto de 1192. La referencia más antigua que se conoce: Alfonso VIII confirma al monasterio heredades en Sepúlveda, Boceguillas, Duratón, Negueruela, Bercimuel, la zona de San Pedro de Gaíllos y un Cerezo.
De ese Cerezo hay dos lecturas y ninguna es del documento: la Enciclopedia del Románico lo da por Cerezo de Abajo y la Wikipedia por «Cerezo de Suso», que es Cerezo de Arriba. Los dos pueblos existían y los dos eran de la Tierra de Sepúlveda. Aquí no se elige mientras no se vea el diploma.
Antes de 1214. Un documento sin fechar recoge que Pedro de Brun entrega al monasterio una heredad suya en Saldaña, aldea de Ayllón. Es Saldaña de Ayllón, que está a cuarenta kilómetros largos por la sierra: el monasterio tenía tierras en este valle.
2 de septiembre de 1231. Fernando III confirma todos los privilegios concedidos por Alfonso VIII.
1288. El arzobispo de Sevilla, Raimundo de Losana, poco antes de morir promueve la renovación del edificio y lo entrega a canónigos regulares de San Agustín. Pasa a llamarse entonces Santo Tomé de Segovilla, porque el propio arzobispo lo dotó con rentas de una heredad sevillana.
1573. Ya convertido en priorato dependiente de la abadía de Santa María de Párraces, pasa a depender del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, por petición al papa Gregorio XIII.
Lo que decía fray José de Sigüenza
El cronista de El Escorial dedicó a este sitio algunas líneas poco amables. Cuando se lo anexionaron, la renta del priorato «valía mil ducados escasos» y aquello era, escribió, «un sitio frío, estéril y sólo con edificios comunes y pobres». Y remató, hablando de este monasterio y de Párraces: «de no vivir a la sombra de El Escorial ya no hubiera memoria de ellas».
Le faltó ver que a finales del XVI y principios del XVII Santo Tomé todavía conservaba propiedades en Aldealcorvo, Siguero, Castillejo, Boceguillas, Sotillo y Barbolla. Y que la dependencia duró hasta bien entrado el siglo XIX: Madoz cuenta que la iglesia del monasterio, ya convertida en parroquial, la servía un párroco nombrado por el prior de El Escorial.
Sigüenza recoge además la tradición que sitúa cerca de aquí la última batalla contra los musulmanes que quedaban en Castilla, librada en la festividad de Santo Tomás. Sobre el sitio se habría levantado una ermita conmemorativa y encima, después, el monasterio. Es tradición, no documento, y así hay que tomarla.
Qué queda en pie
Poco, y desigual. Se conserva parcialmente el muro norte de la nave y entera una torre que estuvo adosada al muro sur. Los cimientos de las dependencias monásticas, incluido un claustro al norte, llegaron a verse y después se taparon con tierra, cabe suponer que para conservarlos hasta una excavación futura.
Lo que hoy se ve, con nave única, cabecera cuadrada y torre, parece fruto de las obras del siglo XVI, cuando El Escorial tuvo que desembolsar unos cinco mil ducados en repararlo y reedificarlo. Lo confirma una placa hoy embutida en un muro del cementerio cercano, que en su día estuvo en el monasterio: lleva una parrilla, que no deja dudas sobre de quién dependía, y debajo la inscripción REEDIFICATUS AN[O] 1584.
Dentro de la torre se guardan algunas piezas recuperadas del edificio medieval: una basa de columna, un capitel labrado a incisiones diagonales que parecen querer imitar hojas, y dos trozos de cimacio con dos flores de cuatro pétalos dentro de un círculo doble, un motivo muy repetido en el románico segoviano.
Cómo se llega
Desde el barrio de Villarejo, como para tomar la autovía A-1 en dirección Burgos. Unos 300 metros antes de entrar en la autovía sale a la derecha un camino asfaltado que cruza por debajo de la carretera y se convierte después en camino de tierra; un kilómetro más allá deja en el monasterio.
Está en el término de Santo Tomé del Puerto