La parroquial de Santa María de Riaza ocupa el extremo más occidental de la terraza sobre la que se asienta el pueblo, y desde abajo parece mayor de lo que es. Está hecha en sillería de caliza rojiza, la del entorno, y conserva íntegra su estructura románica tardía, probablemente de bien entrado el siglo XIII.
Se les cayó en obras, y todavía se nota
No se ve a primera vista, pero tiene dos fases. Primero se levantó la cabecera y después la nave, que es el orden habitual. Lo que no fue habitual es lo que pasó entonces: los muros altos de la nave se derrumbaron por el peso de la bóveda de cañón que iban a poner encima. Cambiaron de plan, cubrieron con madera, que pesa menos, y siguieron con una piedra peor.
Las dos cosas se comprueban hoy. Por dentro, en el tramo donde la nave se une al presbiterio, se ve el arranque de aquella bóveda que nunca se cerró. Por fuera, la fábrica de la primera fase está mejor escuadrada y es de mejor calidad que el resto.
Lo que hay que mirar de cerca
La portada, adelantada respecto al muro, con cuatro arquivoltas decoradas con rosetas de cuatro hojas, boceles, puntas de diamante, motivos vegetales, bolas, zigzag con besantes y ajedrezado en la chambrana. En los capiteles está toda la figuración: dos leones enfrentados, dos ángeles con las alas abiertas, hojas de acanto rematadas en piña y tres figuras masculinas, dos de ellas peleando. La talla es de poca calidad y aun así funciona.
El pórtico, de ocho arcos de medio punto, cinco a cada lado de la puerta, sobre pilares en vez de columnas. En origen fueron diez.
Los canecillos de la cornisa, que son muchos. Domina la proa de barco; hay hojas envolviendo una bola y modillones de rollos, y solo tres figuras masculinas en todo el conjunto. Una sola metopa está decorada, con dos aves, y cae justo en el trozo de muro de la primera fase.
Los dos atlantes que dentro sostienen el arco fajón del presbiterio.
La pila, que es lo más antiguo del pueblo
Está a los pies, bajo el coro, y es posiblemente una de las más arcaicas de la provincia: cilíndrica, sin pie, de 112 cm de diámetro exterior y 78 de altura. Bajo dos molduras aboceladas lleva tres registros, y el del medio es el bueno: diez recuadros en relieve, cinco de ellos con arcos de herradura, uno duplicado hacia abajo formando un ocho, y en el resto una cabecita masculina, tres piñas, botones y elementos arquitectónicos que no se dejan identificar.
Los arcos de herradura son los que han traído la polémica. Varios autores la han dado por visigoda o mozárabe, y la Enciclopedia del Románico dice que lo hacen «sin unos criterios fiables». La lectura que esa obra sigue es que es románica, de fines del XI o principios del XII, porque el rito de inmersión que exige un vaso así se mantuvo hasta entonces. Eso la deja anterior al templo que la guarda, lo que apunta a una iglesia previa o a que la pieza viniera de otro sitio.
Lo que llegó después
La espadaña es de 1797. La sacristía, renacentista, se adosó tapando una de las tres ventanas originales y desfigurando el ábside. Y en la restauración de la techumbre de 1985 se rescataron unas tablas con escenas de la vida de Cristo, ya no románicas sino gótico inicial de comienzos del XIV.
Está en el término de Santa María de Riaza
Foto: Borjaanimal · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons