El Muyo es hoy el más visitado de los pueblos negros de esta ladera, y se viene a ver su pizarra. En 1849, cuando Madoz lo describió, la pizarra también estaba, pero lo que él anotó como servicio del pueblo fue otra cosa: «en los afueras de la pobl. se encuentran 2 fuentes de buenas aguas, de las cuales se utilizan los vec. para sus usos».
Dos fuentes, fuera del caserío, para ochenta casas.
Por qué esto importa más que parecer bonito
De la misma página sale la frase que mejor explica este pueblo, y no la escribió un folleto: las ochenta casas eran de mediana construcción «y todas ellas cubiertas de pizarra, siendo esto muy preciso por la fuerza de los vientos».
Ahí está dicho lo que hoy se cuenta al revés. La pizarra de El Muyo no es una decisión estética: es lo que aguanta el viento en la falda de un cerro donde, dice la misma entrada, el clima es frío y la enfermedad común, el reuma. Se techaba con pizarra porque lo demás salía volando.
Y las fuentes van con eso: el pueblo está donde está porque ahí había agua y una ladera donde resguardarse, no porque la vista fuera buena.
Dónde caen
A las afueras, y Madoz no precisa más. Sí precisa lo que el término tenía alrededor, y una de esas líneas ha resultado útil por otro lado: El Muyo confina al este con el Puerto de Infantes, el paso que Becerril usaba para cruzar a la Alcarria.
Esto lo sabe El Muyo
Dos fuentes a las afueras, en 1849. En el pueblo estarán los nombres, que es lo que un diccionario nunca recoge: cómo se llama cada una, cuál era la buena para beber y cuál para el ganado, por qué camino se iba con los cántaros y quién arregló el caño la última vez.
Si alguien de El Muyo quiere contarlo, aquí está cómo. Una fuente con nombre y con quien la recuerda vale más que la mejor descripción escrita desde fuera.
Está en el término de El Muyo